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LAS MENTIRAS DE MONTORO Y SU DESPRECIO POR LA CULTURA

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Estimad@s amig@s:

Quisiera compartir con todos vosotros, algo de lo que día a día os hacéis eco los medios de comunicación y que nos afecta desgraciadamente a todos en mayor o menor medida. Se trata de la lamentable situación del   mundo de la cultura, y en especial del teatro en nuestro país. Como agencia de comunicación nos vemos en la obligación de unirnos a todas las voces que, desde el sector que nos atañe y amamos, claman por un cambio en las políticas que desde diferentes instituciones se están llevando a cabo. Coincidiendo con las nauseabundas  declaraciones de Cristóbal Montoro en la que afirma que “el gobierno no ha subido el IVA cultural” y que además “el gobierno está apoyando a la cultura a través del mecenazgo”, esta es nuestra forma de poner en evidencia las mentiras patológicas de nuestro Ministro de Hacienda y Administraciones públicas.

 Bien es sabido por todos que el 21% de IVA está matando poco a poco a una industria que debería ser fundamental en cualquier sociedad democrática. Pero no es el Gobierno el único que con sus decisiones y  artimañas nos sacrifica cada día un poco más. Hay otras instancias y entidades que, cual aves de rapiña, se dedican a desangrar los escasos beneficios que dan a día de hoy las artes escénicas en España.

 SGAE, Hacienda, Seguridad Social y portales de venta de entradas se han convertido en verdaderos caciques del siglo XXI que, como ya hicieran la nobleza y el clero en la edad media, se dedican a diezmar a base de tributos y comisiones a todo aquel que tenga la valentía de apostar por el teatro.

 SGAE, una sociedad que debería velar por los intereses de los artistas y de la industria, era en realidad una secta oscura, ladrona con ambiciones estúpidas que no buscaban más que aprovecharse del trabajo ajeno para inflar bolsillos. El país entero asistió atónito al bochornoso registro y posterior culebrón que desenmascaró a una panda de chorizos con traje y corbata que pretendían convertirse en grandes empresarios del sector, comprando teatros en todo el mundo, defraudando, saqueando y pagándose sueldos multimillonarios. La SGAE es como el ébola para el planeta, se comía las defensas de los que más lo necesitaban mientras dejaban morir al paciente, en este caso la industria cultural.

 Portales de venta que por hacer un trabajo ínfimo cobran unas comisiones tan abusivas como asfixiantes para los empresarios del sector. Todo ello sin dar el más mínimo apoyo a la industria que les da de comer, en el mejor de los casos dan la información correcta y ponen la mano para llevarse el dinero calentito. Un monopolio que saca los colores a lo que debería ser un sistema de libre mercado.

 Y desde luego Hacienda y Seguridad Social, instituciones que deberían representarnos a todos pero como ha quedado demostrado desde hace tiempo, no lo hacen. Llevamos una década aguantando a presidentes de   gobiernos de diferentes colores políticos que se han dedicado a acuchillar un estado del bienestar que no se montó gracias a ellos sino al esfuerzo de todos los contribuyentes. Así, han dejado a familias en la calle, están matando a base de recortes a los pacientes de la sanidad pública, condenan al hambre y la desesperación a todos los parados, y desde luego guillotinan a la cultura con negros propósitos. Los políticos no quieren a una ciudadanía culta. No les interesa que la gente tenga opinión, prefieren un rebaño de ovejas que no cuestione más allá de si tendrán algo de comer o no. La cultura enriquece y por eso nuestros    gobernantes han preferido desde hace décadas pisotearla en detrimento de otros sectores que les pueden dar otros réditos. Así, hemos visto como mientras se rescataban bancos, se condonaban deudas a clubes de futbol y se daban concesiones millonarias a grandes empresas, al mundo de la cultura poco más que le disparaban por la espalda en un intento más por acabar con ella. Y es que un empresario del mundo del teatro no puede pagarles una campaña electoral… pero un banco o un entramado empresarial, si. ¿Cómo explicamos a Europa que la pornografía o la tauromaquia sigan manteniendo tipos reducidos en su tributación mientras la cultura es torturada con el IVA más alto?, ¿qué llevó a Montoro y Wert a dar el hachazo a los artistas que día a día luchan por  enriquecer y engrandecer los valores culturales de su tan querida Marca España? ¿Por qué Montoro desprecia, insulta y ataca sistemáticamente al mundo de la cultura en general y del teatro y el cine en particular? Puede haber mil respuestas a todos estos interrogantes pero desde este gabinete solo encontramos una explicación: son carteras ministeriales que a todos los que han pasado por ellas desde hace años les han venido grandes y por eso se esfuerzan una y otra vez en derribar la cuarta pared mientras otros nos dedicamos cada día a intentar reconstruirla. Dueños de teatros, productoras, distribuidoras, y gabinetes de comunicación, como este que yo dirijo, somos los que verdaderamente tiramos de este carro mientras dejamos un reguero de sangre por el  esfuerzo y por los latigazos de toda la calaña política e institucional. Es el esfuerzo constante el que ha conseguido que todo el sector se haya tenido en pie a pesar de todo lo que está en nuestra contra.

 ÁNGEL GALÁN

 

Montoro, el Dios Dionisio

Montoro: el verdugo de la cultura, el abanderado de la pornografía y el velador de la tauromaquia

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Mariano Rajoy es Dios. La mayoría absoluta y aplastante que consiguió en las urnas parece haberle dotado de poderes cuasi divinos. Pero ni siquiera el omnipresente Zeus, mandamás en el Olimpo Griego, pudo llevar a cabo sus planes y hacer cumplir sus designios sin un séquito de dioses y semidioses. Ellos se encargaban bien de maremotos, bien de venganzas terrenales e incluso de exterminios. En la actualidad esos lacayos celestiales tendrían una equivalencia perfecta en España: los ministros. Políticos, trajeados, motorizados que son la mano ejecutora en el reino celestial de Rajoy. Pero como ocurría en el Olimpo Heleno, los ayudantes del todopoderoso son juguetones, pícaros, y llevan a cabo sus planes bajo sus propias filias y fobias. Cristóbal Montoro, Ministro de Hacienda, es el responsable de hacer cumplir los deseos económicos del presidente pero sin olvidar su propio ideario. Rajoy pidió elevar la recaudación por IVA y Montoro lo hizo, ¿cómo?, atacando a su mayor enemigo: los actores. El velador de las cuentas públicas nunca olvidará la gala de los Premios Goya en la que los actores pusieron cara visible a una sociedad unida por el “No a la guerra”. Aquel estallido de protesta en plena hegemonía del ex -dios Aznar se clavó en el corazón de Montoro como un puñal envenenado que ahora devuelve a las artes escénicas en forma de impuestos. No se entiende sino que en el momento del converger de Europa nos encontremos que España es el estado miembro con el IVA aplicado al teatro más alto con unas diferencias tan grandes que el Coloso de Rodas: desde el 0% de Noruega, pasando por el 6% de Bélgica, Holanda y Grecia, el 10% o 13% de nuestros vecinos italianos y portugueses hasta llegar al record olímpico del 21% patrio. Un ranking bochornoso que en el caso de España queda aún más manchado si ponemos la lupa en el gravamen a otras expresiones “artísticas” como el porno. La industria del ocio adulto no supera un IVA del 7% en ninguna de sus expresiones y si el oráculo de Delfos no hubiera perdido vigencia seguramente nos contaría que en la próxima reforma fiscal que prepara el dios revanchista, la tauromaquia o los galeristas de arte saldrán muy bien parados. Y siguiendo con las cábalas, si en la acrópolis existieran métodos de tortura modernos, nuestro ministro revanchista sería sin duda la guillotina de la cultura y la cámara de gas de productores, exhibidores, artistas y comunicadores como el que firma arriba.  Montoro demuestra con sus acciones que nunca se llevó bien con sus compañeros – dioses de la sabiduría y el arte: se identificó más con Dionisio, el dios borrachín. En cualquier caso si tuviéramos que dar un equivalente en Moncloa para Artemisa y Orfeo éste sería Jose Ignacio Wert, y creo que las comparaciones ya ofenden.

ÁNGEL   GALÁN

Derriban las pantallas y se iluminan los escenarios

Ni todos los flashes, ni todas las alfombras rojas ni todo el pretendido glamour del cine pueden ocultar la profunda crisis que vive esta industria cultural en nuestro país. Tras años de bonanza en los que las subvenciones bullían a favor de productores con más sensibilidad económica que artística, el sector se encuentra a día de hoy en una difícil situación dejando en jaque como siempre al más débil.

Madrid, nudo cultural de España, se muestra como el máximo exponente de este declive. Lo que años atrás era una Gran Vía repleta de salas con sabor a cinematógrafo hoy se muestra como un desierto para el séptimo arte… Ya no están los Cines Rex, tampoco brilla ya el cartel del Real Cinema, nadie se sienta a ver películas en las salas de los Cines Madrid y la cosa sigue: los Cines Azul pasaron de ofrecer las vanguardias a ofrecer hamburguesas (ahora es un bar de comida rápida), misma suerte corrió el Novedades. El Cine Fuencarral fue derribado para hacer pisos, el mítico Cine Avenida o el Imperial son ahora centros comerciales y el Pompeya en lugar de películas sirve cafés. Cierres, cierres y más cierres que han dejado un panorama desolador pero que algunos se niegan a aceptar. Una horda de valientes llevan años tomando el relevo e iluminando los carteles de la capital. Productores teatrales, compañías, personas que arriesgan todo lo que tienen y no tienen por coger el testigo y seguir ofreciendo historias pero lejos de los despachos. Los teatros como salvación de la oferta cultural. El último ejemplo lo encontramos en una esquinita de Gran Vía. Concretamente en la confluencia con calle San Bernardo. Allí durante años se alzaron los Cines Arlequín y como ejemplo de lo que ya hemos comprobado vinieron los de la farándula y lo salvaron transformando la pantalla en escenario. Tras años de dificultades ha sido otra compañía teatral, Jamming, la que ha salvado el espacio que ahora recibe al público bajo el nombre de Teatro La Strada Gran Via. No es el único caso, La ruina de los Cines Luna convertirá el espacio en Teatro Luna, las proyecciones del Amaya se convirtieron hace años en las funciones del Amaya y las películas que se proyectaban en los Cines Lope de Vega ahora se representan con actores de carne y hueso en el Teatro Lope de Vega. Los Cines Gran Vía, son ahora el Compac Gran Vía, el Rialto también cambió a teatro y, por suerte, el Palacio de la música, se salvará supuestamente para acoger obras y conciertos.  Los Ejemplos los encontramos a decenas en Madrid: EL Teatro Maravillas supo reinventarse, el Teatro Nuevo Alcalá funciona gracias a la escena, aparecen nuevas y excitantes salas de teatro alternativo y micro-teatro. Incluso en estos tiempos de crisis algunos “locos geniales” deciden convertir concesionarios de coches en Teatros, para gusto de Quevedo. Sin desdeñar apuestas públicas de gran calado como los imponentes Teatros del Canal o la Sala Abadía.

Una industria floreciente a la que no le faltan amenazas. A los ya consabidos recortes, IVAS, y RE IVAS, ahora no son pocos los que sienten la tentación de darle un mordisco al pastel que se encuentran sobre las tablas. Empresarios de la construcción, editoriales, e incluso aquellos oscuros productores de cine que dejaron tras de sí un reguero de salas vacías y empresas en quiebra, se lanzan ahora a producir con pocos reparos y mala gestión espectáculos teatrales. Si un día fueron capaces de apagar los proyectores esperemos que no terminen destruyendo  los focos.

ÁNGEL GALÁN

IVA, BUTACAS, MINISTROS Y MANGANTES

Hoy hace un año que subió el IVA  a la cultura. 13 puntos más y 365 días de aplicación dan para hacer muchos balances, casi ninguno positivo desgraciadamente.

El primero es el evidente, el  que debería sonrojar a cualquier gobernante, político o ciudadano. No es otro que el desplome del público en las salas con nulos efectos en la recaudación pública. Mientras el ministerio de Hacienda, artífice de la subida, no ha visto aumentar la bolsa de los ingresos, los productores y dueños de teatros (empleadores directos de 600 trabajadores) han sufrido una rebaja de 2 millones de espectadores, un 31% menos que antes de la subida del IVA… ¿alguien ve aquí un buen negocio?

La subida del IVA ha traído a España otro dudoso honor, la distancia con el resto de nuestros vecinos que nos coloca una vez más en el vagón de cola europeo… En Francia y Alemania el IVA a la cultura es del 7%, en Italia del 10% y en países rescatados como Irlanda y Portugal  el gravamen no supera el 13%. En España tenemos el más alto de todos, el 21%.

Si a esto sumamos la ausencia casi total de ayudas, subvenciones, incluso de mensajes de apoyo o esperanza, podría hacernos pensar que arriesgar ahora es de locos… Pues bien, hemos encontrado a ese loco.

Luis Antonio Rodríguez ha dado un golpe en la mesa y ha dejado boquiabierto a la prensa y los ciudadanos.  El miércoles hizo la primera presentación del nuevo Teatro Quevedo. Medio centenar de periodistas entre redactores y fotógrafos han sido testigos del arranque de un sueño realizado. Ante los medios, este joven emprendedor de tan solo 26 años, explicó todo el esfuerzo y el trabajo que está suponiendo abrir en estos tiempos una sala 100% privada y detalló que la inversión final alcanzará el medio millón de euros.

En esa presentación se colocaron las 5 primeras butacas de las 150 que compondrán el patio definitivo. Para ese momento tan especial, el artífice y director del nuevo teatro contó con la compañía de las cuatro actrices que protagonizarán el estreno del Quevedo. Ana Carvajal, Esther del Prado, Claudia Azcona y Pilar del Rio componen el elenco de “Las cortesanas” y todas han confesado estar “felices e ilusionadas” de formar parte del nuevo proyecto al que han augurado “un gran futuro por el bien del teatro”. También han tenido palabras de agradecimiento al joven empresario que ha hecho posible este sueño.

No es de extrañar que El Teatro Quevedo llenara esta semana las páginas de los principales diarios nacionales. La apuesta de nuestro emprendedor planta cara a los escuálidos márgenes de beneficios que rondan el 15% tras descontar el ya mencionado hachazo de los impuestos, las comisiones de intermediarios como Entradas.com, Ticketmaster o Entradas El Corte Inglés y tras pasar por la caja de la oscura y temible SGAE.  Ante todos estos problemas la respuesta de Luis Antonio Rodríguez es ofrecer al público “buen trabajo y una programación de comedia que saque al público la sonrisa que tanto está esperando”.

Señores gobernantes, ministros, políticos, tomen nota. Cuando hablan de hacer sacrificios deberían referirse a sacrificios como este, sacrificios que suman y no restan.