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Tu opinión nos importa: “Que No He Muerto es 100% recomendable”.

Hemos recibido una nueva opinión sobre “Que No He Muerto“. ¡Gracias a Nati por su opinión!

“Ayer vimos el espectáculo “Que No He Muerto” y nos encantó. Es un espectáculo íntimo y muy, muy vivo. Aunque ya disponen de buena base como es la obra de Lorca, la interpretación, el cante el juego de luces y hasta el sonido hace que casi ni respires para no romper el momento. Espectáculo totalmente 100% recomendable.”

gema caba

Tu opinión nos importa: crónica de “Que No He Muerto” por Eduardo Viladés

Tenemos una nueva crónica de nuestro lectro Eduardo Viladés. Esta vez, nos habla sobre “Que No He Muerto”, ese gran homenaje al inmortal Federico García Lorca.

 

Lorca resucita en Madrid

                Eduardo Viladés.- Consigue realmente poner los pelos de punta e imaginarse a Lorca sentado junto a ti, tanto gracias a los poemas recitados con maestría por Lucía Espín como por las canciones entonadas por Gema Caballero.

Acababa de llegar de una semana de vacaciones en la playa, relajado, con la mente perdida en el mar, y no pensaba que en dos horas de espectáculo pudiese emocionarme tanto.

“Que no he muerto”, en el Teatro Marquina, es triste, terrible, recorre la obra de Federico García Lorca desde sus comienzos hasta su vil asesinato a manos de los falangistas a las afueras de Granada en la Guerra Civil.

No obstante, esa tristeza se ve envuelta durante toda la obra por la esperanza misma que señala el título: Lorca sigue entre nosotros porque su obra es eterna.

La pieza se articula alrededor de tres puntos. Por un lado, los testimonios que sobre el poeta dieron en vida contemporáneos suyos como Rafael Alberti, Pablo Neruda, Pedro Salinas o Antonio Machado.

Sorprende la selección de los testimonios porque se dirigen a ensalzar la figura del Lorca humano, del Lorca generoso, del Lorca cercano a los suyos, empático y buena gente, lo que hace que su obra literaria gane peso al verse aderezada por algo tan importante como la humanidad.

Por otro, se recogen las “Canciones Populares Antiguas” armonizadas por Lorca. Estas canciones fueron estrenadas por Encarnación López La Argentinita en los años 30.

En este sentido, es maravillosa la recreación del “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” que realiza Lucía. Con su vestido rojo, augurio de lo que está por venir, se apoya en una de las columnas del escenario y se revuelve en sí misma, destrozada de dolor.

Fue precisamente La Argentinita amante del malogrado torero; dicen que su vida jamás volvió a ser la misma a partir de las cinco de la tarde de ese 13 de agosto de 1934 cuando el toro Granadino empitonó hasta la muerte a Sánchez Mejías.

La muerte es un recurrente en la pieza teatral. De hecho, asegura la leyenda que el torero se dejó morir. No aceptó que le operasen en la plaza de toros de Manzanares, pidió volver a Madrid, la ambulancia tardó varias horas en llegar, apareció la gangrena y falleció.

La tercera de las piedras angulares de “Que no he muerto” es una selección de la obra poética del artista granadino perteneciente a todos sus libros, como “Romancero gitano”, “Poema del cante jondo”, “Sonetos del amor oscuro”, “Diván del Tamarit” o el ya mencionado “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”.

Con una iluminación sombría focalizada en el personaje del escenario que cobra protagonismo, cada uno de los poemas es recitado con una voz profunda que sin duda cala en el espectador por Lucía Espín.

Los recita, los interpreta y los siente. A continuación, el mismo poema se convierte en canción de la mano de Gema Caballero, apoyada en dos guitarristas, un percusionista y un pianista.

La tragedia se masca desde el primer momento. A pesar de que al comienzo de la representación se hace referencia a situaciones amables como la conferencia que Lorca dio en Valladolid cuando aún no era conocido, su viaje a Nueva York y su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid junto con Dalí, la muerte aparece en todo momento.

Pero es una muerte que recorre su camino unida al deseo, al amor, al misterio de la identidad y al milagro de la creación artística. Por todo ello, se convierte en vida. Una vez más, el título de la obra habla por sí solo.

Nos han llegado más opinones

Nos encanta que participéis en esta sección, que es más vuestra que nuestra.

 

Montse sobre “Giselle” del Classical Russian Ballet, Hassan Usmanov: 

Giselle (2)

 

“Giselle es un espectáculo maravilloso, disfruté muchísimo, sobre todo el segundo acto me pareció sublime. La verdad es que repetiría en verlo”

 

 

Bely sobre “La Gloria de mi Mare”: 

© FELIX VAZQUEZ GLORIA ELPUERTO36

 

“LA GLORIA DE MI MARE. Una maravilla. Vas al teatro en una hora y media, te ríes, disfrutas del mejor flamenco y te emocionas. Definitivamente estos cuatro personajes lo “bordan”. Enhorabuena ARTISTAS.”

Tu opinión nos importa: Amor de Madre por Bulerias, por Eduardo Viladés

Hemos recibido la primera crítica de uno de nuestros lectores sobre “La Gloria de Mi Mare”. Disfrutadla y animaos a participar (tuopinion@laculturaaescena.es). ¡Gracias por tu opinión, Eduardo!
C FELIX VAZQUEZ GLORIA ELPUERTO155

 

Amor de madre por bulerías

Eduardo Viladés, Madrid.- “Te lanzaré claveles desde el cielo para celebrar tus éxitos”. Con esta frase se despide Gloria de su hija después de haberla encumbrado a lo más alto del mundo del flamenco en un viaje que comienza en el despacho de un cazatalentos y concluye en un camerino lleno de recuerdos.

Un periplo que lleva al espectador por el tortuoso camino del éxito de una madre, Gloria, que no ha triunfado en su juventud, pero que proyecta sus deseos de inmortalidad sobre su hija, Estrella.

Todo ello con ironía, sarcasmo, mucho humor y grandes dosis de improvisación. Inspirado en la cultura del café-cantante y el teatro de variedades de los años 30, “La gloria de mi mare” consigue que el público no pueda evitar mover los pies en el patio de butacas al ritmo del taconeo de Estrella sobre el tablao.

La obra no deja de ser un homenaje a todas las madres, algunas veces sobreprotectoras, otras pesadas e impertinentes, algunas merecedoras de una azotaina, pero siempre dispuestas a dar la vida por sus hijos.

Este ensalzamiento de la figura materna queda patente en el protagonismo absoluto de Gloria, el único de los cuatro personajes que habla. Estrella, su hija, baila, el guitarrista toca virtuosamente y su mujer canta con una potencia brutal, pero jamás hablan.

La curiosa mezcla de flamenco, cante jondo y humor sorprende al espectador nada más comenzar la pieza al ver como Gloria está encarnada en la figura de un hombre, maravillosa estrategia que recuerda, por ejemplo, a “Victor&Victoria”. Al término de la obra, cuando Gloria se quita la peluca y muestra que es un hombre, es inevitable pensar en Julie Andrews haciendo lo propio en el cabaret parisino de la película de Blake Edwards.

La obra se desarrolla a partir de diferentes duelos entre los tres personajes femeninos. En uno de ellos, Estrella tiene que demostrar sus dotes como bailaora con su madre a un lado y la cantante al otro lanzándose altivas miradas.

En otro, de nuevo con Gloria y la cantante como rivales a muerte, un mantón de manila se ensalza como el tercero de los personajes. Maravillosa la desgarrada (y sarcástica) copla en relación al odio de la madre por parte de la cantante.

El último de los duelos ya tiene como protagonista a Estrella, que ha alcanzado la madurez y se ve con fuerzas para enfrentarse (y vencer) a la cantante, en un cara a cara con el sonido de las castañuelas como protagonista. Muy innovadora la recreación de un duelo de película del Oeste, en cámara lenta, con efectos de sonido.

Aunque en algunas ocasiones el sentido del humor es quizá demasiado local, con reminiscencias al Borja Mari de Los Morancos o el tintineo de Rocío Jurado al hablar que imitaban Martes y 13, es inevitable esbozar una sonrisa con las ocurrencias de Gloria. Ocurrencias que, en nuestro caso, en bastantes ocasiones se dirigieron a la escasez de público que había acudido a la sala. “No penséis que os vamos a devolver la entrada para cuatro que habéis venido”, dice en una ocasión Gloria.

Una obra para toda la familia que desmitifica el tradicional concepto de flamenco como espectáculo largo solo apto para entendidos o australianos de visita en España. Se baila, se actúa, se ríe e incluso se apuesta por la naturalidad –fabulosa la escena final con el desnudo de Estrella recordando a su madre fallecida en el camerino-.

Por todo ello, bien merece la pena acercarse a disfrutar de “La gloria de mi mare”. Como muestra, un botón. Incluso dos horas después de ver la obra, mi amiga y yo todavía estábamos recreando en una cafetería las bromas de Gloria sobre el tablao y arrancándonos por sevillanas en medio de la calle Montera. Por algo será.

Tu opinión nos importa.

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